jueves 23 de julio de 2009

Educación tras las rejas



¿Qué rol cumple la educación en la reinserción social de los jóvenes alojados en los institutos de menores? ¿Hay que reinsertarlos, o son parte de la sociedad?


La Convención sobre los Derechos del Niño afirma que los institutos o lugares de detención de menores deben buscar primordialmente la reinserción de los jóvenes en la sociedad, de manera tal que éstos asuman una función constructiva que les permita desarrollar una convivencia sana dentro del respeto por las normas impuestas y las pautas socialmente aceptables.



¿Qué significa “reinsertar” a un joven en la sociedad?, ¿Alguna vez estuvo fuera de la sociedad o es producto de ésta? ¿Qué rol cumple la educación en la “reinserción”?


La situación económica y social por la que atravesó el país hace varios años, específicamente desde la crisis de diciembre de 2001, ha posibilitado un escenario propicio para el crecimiento del desempleo, la deserción escolar, la proliferación de bolsones de pobreza, marginalidad, y la drogadicción, cuyas consecuencias afectan en forma directa a los más jóvenes. Y donde los institutos de menores terminan siendo la terapia intensiva de una resquebrajada cadena social en la cual la crisis educativa, el deterioro de las relaciones familiares y la falta de posibilidades de inserción laboral en la que se encuentra el joven, juegan un papel decisivo.


Según el CONNAF, Consejo Nacional de Niñez Adolescencia y Familia, existen en la Capital Federal seis institutos de seguridad: el Instituto Manuel Rocca, de admisión y clasificación; los institutos Luís M. Agote y el M. Belgrano, para adolescentes varones entre 14 y 18 años; el instituto J. de San Martín, destinado a menores de 14 años; el instituto por excelencia para la internación de mujeres, Ursula Iona de Inchausti y el Casa Joven.


Pero no todos los chicos y jóvenes están internados en institutos por problemas penales, por el contrario, casi un cincuenta por ciento son por causas asistenciales, es decir por haber sido abandonados, ya sea porque fueron víctimas de algún episodio de violencia familiar o porque sus tutores no consiguieron los medios para poder mantenerlos. Y dentro de este universo, el veinte por ciento son menores víctimas de delitos en sus propios hogares.
La coordinadora de educación en el Agote, Paola Sanchez, afirmó: “Es muy difícil llegar en un primer momento a los chicos, ya que ingresan generalmente con un autoestima muy deteriorada, donde creen que sus futuros ya fueron escritos y que su vida finaliza en una Unidad Penitenciaria de mayores. Pero con el tiempo se van generando los lazos de confianza necesarios para la educación. Hoy en día en el Agote se encuentran alojados cuarenta y cinco jóvenes, de los cuales el ochenta por ciento, esta estudiando y participando de los distintos talleres”.


Además, Sanchez enfatizó: “La única salida para los chicos que viven en institutos de menores es focalizar la atención en la educación formal y en los talleres. Muchos de ellos cuando ingresan son analfabetos o apenas cursaron dos años de la primaria, por consecuencia lo que yo espero de ellos es que puedan estudiar y aprender un oficio que les permita ganarse la vida en la calle”.


Por su parte, Mirta Gloria Fernández es profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, autora del libro ¿Dónde está el niño que yo fui? Adolescencia, literatura e inclusión social, y dirige un taller de literatura en el Instituto San Martín. “La situación de los chicos alojados en los institutos de menores, es muy complicada. Todos viven una condición social de marginalidad muy importante, ya que un joven de clase alta con una familia tipo constituida y que en teoría contiene los valores sociales, no va a parar a un instituto”, afirmó Fernandez.


Además agregó: “El trabajo que realizo junto a alumnos de la UBA en el Instituto, es por fuera de la educación formal, es un taller de literatura, donde la participación es muy buena, y comienza llevándoles diferente literatura para leer. En un primer momento la poesía no les gusta por que dicen que es de marica, pero luego aprenden a valorarla y le encuentran el gusto. Pero al final ellos siempre quieres escribir, quieren expresar sus experiencias, y lo interesante es que lo hacen desde una forma literaria”.




Camilo estuvo detenido en el Agote
“En el instituto me ‘rescaté’ y terminé la secundaria”


Camilo, que solicitó resguardar su apellido, hoy tiene 23 años y una hija de 5. Durante el 2003 estuvo un año alojado en el Instituto Luís Agote por una causa de robo.

“Antes de caer preso yo estaba en cualquiera, ya hacía años que había dejado la secundaria, había hecho hasta segundo año. Y me la pasaba tirado tomando vino con los pibes y aspirando y fumando lo que se me cruzaba, no me importaba nada, sólo juntar algo de plata para juntarme en el barrio”.

“La vida en el instituto fue un garrón, cuando entrás sos el ‘pichi’, y la única forma de que te respeten es plantarte y pelearte con quien sea. Pero igualmente a mi me rescató haber entrado, antes pensaba que yo nunca podía caer en cana y que mi destino ya esta echado. Cuando reaccione me di cuenta que me tenía que rescatar, que tenía una hija que mantener, entonces me puse a estudiar y termine la secundaria.”

Hoy que estoy afuera trabajo en un taller de herrería y estoy haciendo un tratamiento para dejar la droga. Que más puedo pedir, logre tener una nueva oportunidad”

1 comentarios:

  1. Me parece mas que interesante empezar a escribir sobre lo que es la educacion en los institutos de menores. trabajo con jovenes en situacion de calle y cada tanto vamos a los instituto. La realidad ahi no esta escrita en ningun libro , los profesores tienen que reiventar o readaptar todos los conceptos y sus formas... la verdad qeu es un trabajo complicado y el estado a pesar de que hace 2 años puso docentes, se hace bastante el zota con un tema tan importante en la llamada "seguridad". Muy buena la nota. ojala salgan mas seguido y se investigue mas.

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