miércoles 16 de junio de 2010

Puente y techo

Un grupo de vecinos encabezados por la Asociación La Boca está juntando firmas para "recuperar" el bajo autopista de Pedro de Mendoza. En la zona donde el Gobierno porteño sueña con un turístico corredor que una Puerto Madero con Caminito viven más de 350 familias de las que nadie habla.

Publicado en el diario Sur Capitalino
Por Amparo Ruiz


     “Es un tramo tierra de nadie, de muy peligrosa circulación, vergonzosamente abandonado, falta grosera de higiene con irrespirables basurales en descomposición, deposiciones humanas en la vía pública, ruidos molestos, fuente de inseguridad con todos los perfiles imaginables”. El párrafo forma parte de la carta con la que la Asociación de Vecinos de La Boca encabeza una juntada de firmas para “recuperar” la Avenida Pedro de Mendoza, entre Brasil y Lamadrid. Debajo del nacimiento de la autopista Buenos Aires – La Plata viven más de 350 familias y funcionan tres comedores que brindan almuerzo, merienda y cena a los vecinos. Algunos llegaron a la zona hace diez años y lograron construir casas de ladrillo, con medidores de luz y agua corriente; otros, usan la base del puente como techo y se cobijan entre chapas, cartones y plásticos.

     Desde hace algunas semanas, la organización que dirige Alfredo Alberti comenzó una campaña que intenta sumar adhesiones para desalojar a los “marginales”, las “prostitutas” y las “pandillas” –tal como dice el texto que difundieron para juntar firmas- del bajoautopista que desemboca en el Viejo Puente Avellaneda. Lleva juntados mil nombres, entre las que incluye a otras asociaciones del barrio como El Trapito y el Teatro Verdi, y cuenta con el apoyo de la Unión Cívica Radical y del CGP4, donde ven con buenos ojos el reclamo.

     “En la zona, la mayoría de los vecinos trabajan, en los matrimonios, si no es uno, es el otro. Hay muchos trabadores, por eso las casas han ido mejorando, antes eran precarias, de madera o chapa y ahora son casi todas de material, nosotros estamos muy cómodos acá, no nos queremos ir”, asegura Marcelina Ovelar, quien vive bajo la autopista desde hace 8 años.

     Olga Duarte, vecina y administradora de uno de los comedores de la zona, afirma que los vecinos están organizados. Una organización, se encarga de la parte social; y la otra, la Organización de Vecinos Unidos Luis Ingeniero Huergo, está relacionada con el tema de la vivienda. “A pesar de las diferencias que podamos tener, ante un desalojo vamos a estar todos unidos, porque sería algo que nos afectaría a todos”.

     “En una sociedad organizada, no puede haber esta anarquía”, exige Alberti desde su asociación. Y subraya que los que se tienen que encargar del asentamiento son el Instituto de la Vivienda de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (IVC) conjuntamente con Corporación Sur.

     Por las mismas cuadras que la iniciativa quiere “recuperar”, pasa el corredor turístico con el que el Gobierno de la Ciudad proyecta unir Puerto Madero con la zona de Caminito, en La Boca. Aunque para que puede llevarse acabo, debe dirimirse la cuestión de los terrenos entre el Gobierno Nacional y el de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Concretamente entre el Ministerio de Planificación Nacional a través del Órgano de Control de Concesiones Viales (OCCOVI), y Desarrollo Urbano y Administración General de Puertos del Gobierno de la Ciudad.

     Hace un mes, funcionarios del OCCOVI detallaron al periódico Perfil que existe dos puntos complicados que frenan el proyecto: La cooperativa La Naval Argentina y la empresa Silos Areneros Buenos Aires, que poseen terrenos cerca de la avenida que no permiten ensanchar la calle. Además, aseguran que los asentamientos son responsabilidad de la Ciudad. Sin embargo, desde el Ministerio de Desarrollo Urbano porteño responsabilizan al OCCOVI: “Para avanzar necesitamos la autorización del organismo federal que tiene jurisdicción sobre ese tramo”.

     Según explicó el presidente de la Asociación de Vecinos La Boca, a la empresa Silos Areneros Buenos Aires le dieron permisos provisorios debajo de la autopista, donde tiene sus depósitos de arena a cielo abierto, y sobre esos permisos de fueron entregados otros que llevaron a una “apropiación” de esos terrenos, que el Gobierno de Macri no quiere suspender.

     Para tratar de dirimir la cuestión, días después del inicio de la campaña la diputada nacional Silvana Giudici de la UCR –partido que apoya la juntada de firmas- presentó un proyecto de ley para que los terrenos debajo de la autopista pasen a manos de la Ciudad de Buenos Aires.

     Aunque el tema del está instalado en distintos organismos y en un grupo de agrupaciones barriales, nadie dice una sola palabra acerca del destino de las dos mil personas que viven allí desde hace más de 10 años.

 
 
"NOSOTROS TENEMOS NUESTRA VIDA ACÁ; NO NOS QUEREMOS IR"
 
     Marcelina Ovelar es ama de casa y tiene 45 años. En 2002, tras la crisis del 19 y 20 de diciembre del 2001 y con el aumento de los precios de los alquileres, no le quedó otra opción que mudarse junto a su marido y sus cuatro hijos, en ese entonces, al bajo autopista.

     Con el correr de los años y con mucho esfuerzo, Marcelina, al igual que muchos vecinos han logrado ir armando sus casas. “Ha cambiado bastante la zona, cuando nosotros nos mudamos eran casi todas las casas de madera y ahora la mayoría son de material, más seguras”, destacó.

     En su familia, su marido es quien trabaja todos los días en una pizzería del barrio, ella además de ocuparse de la casa y de sus hijos, hace algunas changas para llevar dinero extra.

     Hoy, la familia ha crecido. En la casa, que cuenta con un patio en el frente, dos pisos, con un salón y un baño en la plana baja y tres habitaciones y un baño arriba, viven diez personas. Marcelina, su marido, su hijo mayor con su mujer y su primer nieto y sus otros cinco niños. “No es muy grade pero nos arreglamos muy bien acá, de a poco hemos ido levantando la casita y tratando de hacerla mas linda y cómoda para vivir. Nosotros tenemos continuamente miedo que nos desalojen, pero tratamos de no pensar en eso y hemos puesto cada pesito que nos sobra en la casa, por los chicos, para que ellos tengan más comodidades”.

     Todos los hijos de Marcelina estudian, el mayor está cursando segundo año del profesorado de gimnasia, y el resto van al colegio. “Para nosotros siempre fue una prioridad que los chicos estudien, que vayan al colegio, muchas veces hay que lidiar bastante, pero son buenos chicos además de estudiar me ayudan mucho con la limpieza de la casa. Yo sueño y les digo siempre a mis hijos, que terminen el secundario y que piensen en estudiar una carrera, la que ellos quieran, pero que tengan una carrera que les permita desenvolverse”.

     Marcelina afirma que ellos están muy contentos en la zona donde viven, que no se quieren ir, pero que si no les quedara opción solo piden que les den una casita digna en el barrio. “Si tenemos que salir sí o sí solo pedimos que nos den un lugarcito en el barrio que podamos ir pagando de a poco, porque nosotros tenemos nuestra vida acá, mi marido trabaja por acá, los chicos van al colegio a unas cuadra. Pero nosotros estamos bien acá. No nos queremos ir”.


"EN EL COMEDOR LE DAMOS LA CENA A 200 PERSONAS"

     Sobre la Avenida Pedro de Mendoza y Suárez, accediendo por un pequeño pasillo se llega a la casa de Olga Duarte, al lado se encuentra el comedor Boca-Riachuelo que Olga administra.

     “Yo acá en el barrio me ocupo de lo que es todo trabajo social, emergencia y comida. No me quiero hacer más responsable de otras cosas, porque la verdad que no podría. En el comedor damos cena, generalmente vienen entre 180 y 200 personas, depende el día, depende la necesidad que tengan en la casa ese día. Cando tiene un ingreso de dinero obviamente evitan venir al comedor, porque prefieren comer juntos en familia en su casa”.

     Olga tiene una vida de lucha y de resistencia, tanto por sufrirlo en carne propia, como por haber defendido un desalojo y sabe muy bien lo que es ser expulsado, lo que es perderlo todo.

     “Cuando se habla de un desalojo, se hablan de un montón de cosas, no son solo la viviendas, hay que tener en cuenta, que acá en la zona hay una organización de los vecinos, no son solo las viviendas, están los comedores, tenemos los centro de salud, las escuelas, sea de jornada completa o jornada simple. Además el dinero que el Gobierno de la Ciudad te puede dar no te alcanza para nada, y lo que termina generando es una cadena, porque para lo único que te puede alcanzar es para comenzar de cero en la construcción de tu casa en otro lugar ocupado, porque ni para alquilar te alcanza”.

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